El pasillo terminó en una puerta de esclusa de aire, sellada herméticamente.
Cuando Elena cruzó el umbral, las luces fluorescentes del techo parpadearon con un zumbido eléctrico agónico, como insectos despertando de una hibernación de veinte años. Una tras otra, las barras de luz se encendieron, iluminando el espacio con un resplandor blanco, clínico y parpadeante.
Elena se detuvo, con el corazón golpeándole las costillas.
Esperaba encontrar un laboratorio de alta tecnología, similar a las inst