El aire tenía la consistencia de la miel vieja. Espeso. Ámbar. Pegajoso.
Elena caminaba por el pasillo hacia el salón principal, pero sentía que estaba nadando. Cada movimiento de sus brazos dejaba una estela visible en la atmósfera, ondulaciones lentas que distorsionaban la perspectiva de los cuadros colgados en las paredes.
Los retratos de sus antepasados parecían seguirla con la mirada. No, peor. Parecían respirar. El lienzo subía y bajaba rítmicamente, y las bocas pintadas al óleo se curvab