CAPÍTULO 57

Luz. Oscuridad. Luz. Oscuridad. Luz. Oscuridad.

El universo se había reducido a un ritmo binario y violento.

No había segundos, ni minutos, ni horas. Solo existía el intervalo de la lámpara estroboscópica instalada en el techo. Un destello de magnesio blanco que quemaba la retina, seguido de una negrura absoluta que duraba una fracción de segundo, solo para ser destrozada de nuevo por el blanco.

Flash. Negro. Flash. Negro.

Elena estaba ovillada en el suelo de resina, con las manos apretadas con
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP