El papel no pesaba nada. Apenas unos gramos de celulosa y tinta. Sin embargo, en las manos de Elena, se sentía más pesado que la losa de granito de una tumba.
Sus dedos temblaban con tal violencia que las letras bailaban ante sus ojos, convirtiéndose en manchas negras incomprensibles. Tuvo que apoyar la hoja en el suelo de resina blanca, alisándola con la palma de la mano, para poder leer.
El zumbido del aire acondicionado era el único sonido en el mundo.
INFORME DE ORIGEN BIOLÓGICO: SUJETO CER