El periódico del día anterior estaba sucio, manchado de café y grasa de churros, tirado en una papelera de rejilla metálica en la esquina de la plaza.
Para el 99% de la población, era basura. Papel muerto con noticias viejas que ya habían consumido en Twitter hace veinticuatro horas.
Para Rafael, era la única línea de comunicación segura que quedaba en el planeta.
Lo recogió con disimulo, fingiendo atarse los cordones de la bota. Pasó las páginas rápidamente, ignorando los titulares sobre la "C