*Íiiii-cuh. Íiiii-cuh.*
El sonido del columpio oxidado era un lamento metálico que cortaba el aire gris de la mañana.
El parque infantil del Bloque 12 no tenía colores. El tobogán estaba cubierto de grafitis obscenos. La arena estaba llena de colillas y cristales rotos. No había niños jugando. No había risas.
Solo estaba Mía.
La niña de siete años se mecía adelante y atrás con un ritmo hipnótico, mirando al vacío con esos ojos grandes y oscuros que parecían haber visto el fin del mundo.
Elena s