*Ssssss.*
El alcohol de farmacia mordió la carne abierta con la ferocidad de una víbora invisible.
Elena ahogó un grito, clavando las uñas en el colchón hundido del motel de carretera donde habían parado. Su cuerpo se arqueó involuntariamente, un arco de tensión pura bajo la luz amarillenta y parpadeante de la lámpara de mesa.
—Lo siento —murmuró Rafael. Su voz era ronca, baja, íntima.
Estaba arrodillado frente a ella, entre sus piernas abiertas, enfocado en su brazo izquierdo con la intensidad