El objeto yacía en el centro de la alfombra beige del salón, iluminado por un rayo de sol cruelmente alegre que entraba por la ventana.
Era una zapatilla deportiva. Rosa. De marca, con luces LED en la suela que se encendían al pisar. Tenía velcro en lugar de cordones, diseñada para ser fácil, para ser intuitiva.
Mía estaba sentada frente a ella con las piernas cruzadas. Llevaba diez minutos mirándola inmóvil.
Elena entró en el salón secándose el pelo con una toalla. Había decidido intentar una