El cielo de Madrid estaba cubierto por nubes que no sabían si llorar o simplemente observar. El jet privado aterrizó en la pista privada de la Residencia Fort cuando el reloj marcaba las 18:42. El viento jugaba entre los árboles como si advirtiera que algo estaba a punto de cambiar.
Sofía descendió del avión con la delicadeza de una brisa suave. Ares y Doki saltaron al verla, revoloteando felices. Naven, elegante como siempre, con su abrigo largo de corte militar y su rostro tallado en piedra,