El mediodía madrileño se anunciaba con un cielo despejado y un sol que acariciaba los ventanales de la Residencia Fort con elegancia serena. Desde la galería acristalada podía verse el reflejo de uno de los autos que aguardaban en la entrada: el Aston Martin blanco perla, uno de los vehículos de última generación que Naven le había obsequiado a Sofía.
La joven arquitecta permanecía en su habitación aún con el cabello húmedo y una blusa de lino ligera, de pie frente al espejo, observando con cie