El rugido suave del jet privado seguía constante, pero no tanto como el latido del corazón de Sofía. Observaba por la ventanilla, aún procesando lo vivido en Washington. El gesto de su padre, las palabras de su madre, y sobre todo, la manera en que Naven había tomado las riendas. No lo había dejado todo sobre sus hombros. Había estado con ella, y eso… lo cambiaba todo.
Sin embargo, no imaginaba que aquel viaje tenía un giro más preparado por su esposo.
—Vamos a desviarnos del rumbo —anunció Nav