El motor del jet privado rugió suavemente mientras atravesaba el cielo rumbo a la ciudad de Washington D.C., con su lujoso interior envuelto en una atmósfera tranquila, casi solemne. Sofía, sentada junto a la ventanilla, observaba en silencio el manto de nubes que se desplegaba bajo ellos. Sus dedos acariciaban el anillo en su mano izquierda con suavidad, casi como si buscaran calmar los latidos erráticos de su corazón.
A su lado, Naven hojeaba algunos documentos con la seriedad que lo caracter