El sol de la mañana se filtra a través de los ventanales de cristal reforzado de la oficina de la corporación Volkov con una claridad hiriente, iluminando cada partícula de polvo que flota en el aire gélido del despacho.
Adrián está sentado detrás de su escritorio de nogal, impecable en un traje gris marengo que parece una armadura diseñada para ocultar cualquier rastro de la bestia que Valeria conoció la noche anterior sobre esa misma superficie de madera.
No hay una sola carpeta fuera de