–¡No soy una pieza, soy un ser humano y no te pedí nada! –responde ella, su voz vibrando con una mezcla de odio y una atracción prohibida que no puede admitir, mientras su pecho sube y baja frenéticamente. –Eres un hombre despreciable, Adrián, un manipulador sin escrúpulos que cree que puede comprar a la gente como si fueran objetos de colección; prefiero deberle el alma al diablo que sentirme en deuda contigo, porque al menos el diablo es honesto en sus intenciones, pero tú te escondes tras tr