Es la primera vez que Valeria presencia este nivel de brutalidad cruda, despojada de las sutilezas de la oficina o de los juegos psicológicos; esto es Adrián Volkov en su estado puro, un monstruo sin escrúpulos que no conoce límites.
–Limpien esto –ordena Adrián, soltando el cuerpo convulso de Sokolov como si fuera basura insignificante.
Se limpia las manos con un pañuelo blanco que saca de su bolsillo, observando las manchas rojas con un desprecio infinito antes de arrojar el trozo de tela