HORAS DESPUÉS
Tras el violento desplante en la escalinata, Valeria, al notar que Adrián avanza hacia el centro de la recepción con los dedos de Irina rozando de forma posesiva la tela de su esmoquin sastre, un torbellino de celos enfermizos y destructivos le carcome las entrañas, impulsándola a jugar una carta desesperada y sumamente peligrosa para quebrar, de una vez por todas, la insoportable armadura de hielo del capo ruso.
Con pasos lentos, calculados y cadenciosos que hacen que el encaje