Narra Adrián
Observo a Valeria marchar con los ojos fijos en la oscilación de sus caderas, sintiendo cómo una corriente de fuego líquido me recorre el espinazo porque, a pesar de la farsa de frialdad que sostengo frente a mis hombres, Valeria sigue siendo un pecado que realmente quiero saborear con una voracidad destructiva.
Su silueta recortada contra el sol de la tarde es una obra de arte que me tienta a mandar al demonio los balances informáticos, el contrabando de la frontera y la mald