El ascenso continuaba, aunque no era tan empinado como para justificar las quejas constantes de Carla.
—Yo creí que estábamos subiendo una colina, no el Everest —protestó, resoplando con dramatismo.
Sara, manteniendo su paso constante al frente, respondió sin girarse, con un tono calmado pero con un deje de diversión.
—De hecho, es la colina más pequeña del campus.
Solté una risa breve antes de mirar hacia atrás, donde Carla caminaba con evidente desgano. Su elección de calzado era la primera s