Empecé a caminar, con la mente acelerada, pensando en las implicaciones que tendría mi acto y lo que acababa de presenciar. Tenía muchísimas preguntas rondando mi cabeza, pero todas estaban sin respuesta. Carla y Sara me siguieron de cerca, su presencia era una especie de amortiguador reconfortante contra la incertidumbre que no me dejaba en paz.
¿Qué era ese chico? Su mirada ardía con una intensidad que casi podía tocarse, un enojo que parecía atravesar el aire y hacía que todos se encogieran