Adri
—¿Vas a apurarte, mujer? —gritó Diego desde adelante, ya en posición de corredor profesional.
Yo jadeaba por mi vida mientras intentaba seguirle el paso. Dios santo, estaba intentando matarme.
—¿Cuál es la prisa?
Se dio la vuelta y volvió corriendo hacia mí.
Fruncí el ceño al verlo.
—Dios, eres tan alegre y lleno de energía por la mañana.
Se rió y salió disparado otra vez, mientras yo seguía arrastrando los pies. Lo vi hacer un círculo solo para no perderme de vista y luego volver