Adri
Dos horas después, entré en el estacionamiento subterráneo del edificio de Diego. Por fin entendí por qué siempre usaba la maldita limusina: encontrar aparcamiento en esta ciudad era una locura absoluta. Al final, hice que Dafne se quedara sentada en el coche, en el parking, mientras yo subía a coger lo imprescindible, y luego la llevé a su casa. Estaba aterrada ante la idea de que alguien fuera a robarlo.
Ian me estaba esperando. Me indicó por dónde entrar y me guio hasta el garaje, donde