El amanecer llegó frío y gris sobre Lunaris. Ragnar no había dormido. Había pasado la noche entera en el bosque, luchando con demonios que no podía vencer con garras o colmillos. Finalmente, cuando el sol tocó el horizonte, tomó su decisión.
Huir no resuelve nada. Esconderse no protege a nadie.
Se vistió con la ropa que Rifen había dejado y caminó de regreso al castillo con pasos pesados pero decididos.
El patio principal estaba dividido en dos campos claramente separados. A la izquierda, lobos