El primer día de viaje fue extrañamente normal.Viajaron en forma humana, conservando energía, moviéndose a un ritmo constante que devoraba kilómetros sin agotarlos. El territorio de la Manada Lobo Salvaje era familiar, bosques que Artemis conocía como la palma de su mano, pero con cada paso hacia el norte, sentía que algo en el aire cambiaba. Se volvía más frío, más denso, como si la atmósfera misma se tensara ante la ansiedad que Artemis sentía en su corazón.Rifen hablaba poco, pero cuando lo hacía, compartía detalles sobre el Norte. Datos que a ambas mujeres les parecieron interesantes, la geografía, los peligros potenciales y el cómo sobrevivir en un clima que podía matar incluso a un lobo si no tenías cuidado.Lyra caminaba en silencio la mayor parte del tiempo, pero Artemis notaba cómo su mirada se desviaba constantemente hacia Rifen. Cómo estudiaba su perfil cuando pensaba que nadie la veía. Cómo su respiración cambiaba cuando él hablaba.Y Rifen, por otro lado, era más sutil,
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