Artemis se encontró en sus aposentos, rodeada de armas y decisiones imposibles.Había pensado que empacar sería simple. Llevaba años viajando ligero, moviéndose rápido, confiando en sus habilidades más que en posesiones, pero esto era diferente. No estaba yendo a la guerra contra un enemigo que conocía. Estaba adentrándose en territorio desconocido, hacia un Rey maldito, guiada solo por sueños y las palabras de un extraño.—Un extraño muy persuasivo —dijo Scarlett, recordando los ojos azules de Rifen y la historia narrada por el hombre que por más que quiso desmentir. No pudo, porque era exactamente como era y solo ella sabía lo que miraba. Imposible que alguien más lo hubiera hecho y la descripción de las heridas justo donde ella las infligió.—Llevas mirando esa daga durante diez minutos. —Artemis parpadeó, saliendo de sus pensamientos. Lyra estaba recostada contra el marco de la puerta, ya vestida para viajar con pantalones de cuero negro y una túnica reforzada de combate. Tenía su
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