Artemis corrió.
No caminó con dignidad de Alfa, no mantuvo la compostura. Simplemente corrió, sus pies descalzos golpeando la piedra fría del castillo, sus pulmones quemando, su visión borrosa por lágrimas que no podía detener.
Las imágenes seguían reproduciéndose en su mente como un buque interminable.
Las garras de Ragnar perforaron su abdomen hace un siglo. Sus ojos, los mismos ojos azules que la habían mirado con tanto amor días atrás y hace solo unos minutos atrás, ya la habían visto lleno