Rasen llevaba semanas en aislamiento, encerrado en su propia oscuridad. Era una guerra constante contra los demonios que lo desgarraban desde dentro. La presencia de Sariel era como un corazón extraño latiendo dentro de él, un segundo ritmo que marcaba un hambre y una desesperación que amenazaban con consumirlo por completo.
En la entrada de la habitación de Rasen:
Lionel estaba de pie, firme como un guardián.
—Si entras ahora, Cristal, no puedo prometerte que saldrás con vida —advirtió, sus oj