Rasen llevaba horas conduciendo sin un rumbo fijo. La culpa por la muerte de Clear lo corroía, y el constante golpeteo de la lluvia contra el parabrisas parecía reflejar su estado mental. La tarde se oscurecía rápidamente, y el mundo a su alrededor se tornaba un borrón gris.
De repente, creyó ver a Clear de pie en la acera, su silueta inconfundible bajo el paraguas. Su corazón dio un vuelco, y frenó bruscamente el auto, bajando sin pensar.
—¡Clear! —gritó, pero al acercarse, la figura no era qu