58. MI ALMA LO ENCONTRÓ
Todo está... borroso.
El aire tiene un tinte dorado, como si la luz pasara por agua espesa. Camino descalza sobre tierra húmeda. Las hojas crujen bajo mis pies, pero no hay árboles. Solo bruma. Y al fondo... ahí está él.
Cade.
Sus ojos me encuentran con esa intensidad que solía desarmarme. Está de pie, alto, imponente, como si el mundo se inclinara a su voluntad. Me sonríe. Me tiende la mano. Y yo... la tomo.
¿Por qué?
Mi pecho duele, pero no puedo soltarlo. No aquí. No en este lugar donde todo