59. TODO EN SU LUGAR
No importaba mi debilidad, ni el caos que posiblemente se cocinaba allá afuera, más allá de los muros de esta casa.
No importaban los errores pasados ni las batallas por venir.
Solo importaba este momento: el calor de sus brazos, la seguridad de su pecho, el roce leve de sus labios en los míos.
Zayden me besa como si temiera romperme.
Y aunque hay verdad en ese temor —aún me siento hecha de cristal— también hay ternura, respeto... y un amor tan profundo que me desarma.
Su frente se apoya un ins