Declan suelta una carcajada y me ayuda a ponerme las pantuflas.
—Cariño, tu padre aún tiene mucho amor para dar. Sería un crimen negarle este cuerpito a la población femenina.
Y vaya que sí. Lo he atrapado varias veces por la noche, cuando regresa a casa con cara de haber “saciado”. No sé quiénes serán sus víctimas y, pensándolo mejor, no me gustaría saber a quién le mete la... Sacudo la cabeza para quitarme esa imagen de la mente. ¡Qué horror!
—Lo digo en serio, Declan. No quiero enterarme de