—Bueno, eso fue muy emotivo —dice la mujer más mayor del grupo de esposas—. Si su padre y su hija demuestran así su amor y nos hacen llorar, no quiero imaginar lo que serán los votos y el brindis.
Le sonrió a la mujer; he querido sacarle los ojos incontables veces, pero jamás ha dejado de ser dulce y cariñosa. Todas ellas lo son. Yo, simplemente, he sido una chica solitaria, sin saber lo que es todo esto.
—Señor Declan, es hora de que nos deje con su princesa para convertirla en la reina de la