—Eres una mujer maravillosa, Nora. Aprecio realmente que estés aquí conmigo, sé que te hubiera gustado…
—¿Que tu matrimonio con mi hijo hubiera prosperado? —termina por mí.—Sí, hija, me hubiera gustado, pero el amor no debe ser forzado. Me casé con mi esposo de la misma manera que lo hicieron ustedes; con el tiempo aprendí a amarlo y de ese amor nacieron mis hijos. Tú no merecías eso; esto es lo que mereces: amar y ser amada.
—Gracias, gracias por no dejarme sola. Mi madre no está aquí, pero tú