Ira. Es lo único que reflejan los ojos verde jade del rubio. Lo mismo arde en los de su hermana, aunque ella lo sostiene mejor, lo disfraza bajo una quietud demasiado rígida.
—Siento mucho si te ofendió la presencia de quien te dio su amor durante cuatro años. Nos veremos pronto, Iván.
La frase cae como veneno envuelto en seda.
Luego se vuelve hacia mí. Toma mi mano con la misma cortesía impecable de antes y deja un beso en mis nudillos.
—Señorita, fue un placer conocer a la futura Koroleva de