No hay espectáculo, no hay palabras grandilocuentes, no hay nadie alrededor que necesite verlo. Lo hace como si fuera lo más natural del mundo… y sin embargo, sé que no lo es. Un hombre como él no se arrodilla. No ante nadie. No por nada.
Excepto ahora.
El tiempo parece detenerse en ese instante incómodo, denso, casi irreal. Mi pulso se acelera, no por el anillo, no por el lujo… sino por el peso de lo que está haciendo, por lo que está cediendo sin decirlo en voz alta.
Toma mi mano con una firm