Siento cómo sus dedos se tensan levemente sobre mis muñecas, el leve arco de sus cejas, la línea de sus labios, y cada gesto transmite control, calma y un aviso sutil: cercano pero imposible de subestimar.
Su cuerpo sobre el mío no es amenaza, es dominio, pero acompañado de una distancia emocional que me recuerda quién es realmente, incluso cuando se deja ver humano.
Tengo una vista espectacular del ruso sobre mí. Sus grandes manos se hunden entre mi cabello, masajeando delicadamente la piel de