Iván sonríe. Su rostro dibuja una mueca agradable, pero hay algo oscuro en la forma en que el cabello cae a los lados de su cara, proyectando sombras que endurecen sus facciones. Y esa oscuridad… es peligrosamente atractiva.
No sé qué he despertado en él. Solo sé que estoy sobre el mafioso ruso, con los muslos abiertos, sintiéndolo por completo, sin espacio para dudas, sin distancia.
Toda.
—¿Sí? Pues demuéstrame que eres la mujer del jefe… y que puedes montarme.
Un calor lento y profundo se exp