No debes mostrar esto de ti a nadie, ni a tus hermanos, me digo a mí mismo. La tensión en mis hombros se mantiene incluso mientras mis ojos siguen la pantalla de la laptop; mis dedos descansan sobre el borde, rígidos. Cada sonido del pasillo se amplifica, y siento cómo mi respiración se vuelve medida, como si cualquier descuido pudiera traicionar lo que pienso. Dos golpes en la puerta me obligan a apartar la vista.
Que no sea ella…
Pero mis hermanos no golpean, ellos entran sin pedir permiso,