La observo, frunciéndole el ceño, y siento que cada palabra que sale de ella roza un lugar que no puedo mostrar, un sitio que ni siquiera quiero admitir que existe. Cada respiración suya me recuerda lo vulnerable que puede ser incluso en su fortaleza, y cada uno de sus gestos me recuerda que, esto no es solo un pacto de conveniencia: hay algo mucho más intenso en juego.
—Recuerda tus palabras, Bárbara. Aquí el que no está teniendo ninguna ganancia soy yo. Ahora, si no tienes nada más que decir