Él se ríe, divertido por mi falta de seriedad, y los hoyuelitos se le marcan en las mejillas, igual que a mí, igual que a Papá. El gesto me derrite un poco; es familiar y extraño al mismo tiempo.
—Eso estará difícil, pero puedes quedarte tranquila. Cuidaré de ti y de mi sobrino. —Hace una pausa, y mientras habla, sus labios se curvan en esa sonrisa que provoca una mezcla de ternura y respeto—. Qué loco suenan esas palabras cuando las digo en voz alta. Por un momento pensé que me ibas a mandar a