—Eso fue intenso. —Connor masajea suavemente mis hombros entumidos, sus dedos firmes pero cuidadosos, y me recorre con la mirada un instante como evaluando si estoy bien. El ruso se retira de la sala sin decir una palabra, dejando atrás el silencio pesado y expectante. Los hermanos permanecen, observándonos en calma. —Gracias por no soltar risitas burlonas. Sé que mi discurso fue un desastre, pero nunca había hablado frente a tanta gente.
—Lo hiciste bien, no queda duda de que todos ellos te re