—Barbie, ¿podemos hablar en privado? Es importante.
Asiento y me dirijo con Connor a la cocina, ganándome una mala cara por parte de Iván.
La cocina es amplia, pulcra, demasiado impecable para todo lo que está a punto de romperse ahí dentro. El mármol claro brilla bajo las luces cálidas del techo, las superficies de acero reflejan nuestras siluetas y el aire huele a café recién hecho, pan tostado y ese rastro leve de especias que todavía flota desde el desayuno. Connor entra detrás de mí y cier