—Genial, ahora también tienes un hijo adoptivo. ¿No había una sin pareja, de preferencia virgen y sin maridos idiotas? —Su sarcasmo es una de las cosas que más me gustan de ella.
Cuando volvimos de Irlanda, le Conte todo sobre ella. Su familia, sus parejas y la organización de su padre.
—Sabes que esas cosas no me importan. No soy un tradicionalista. Ella me gusta, y con eso tendrás que conformarte.
Rueda los ojos y vuelve a tomar las bolsas para seguirme.
—Una cosa más: no le cuentes nada