—¿Hermana, dices? Asumo que ella no lo sabe, porque no habría forma de que te dejara aquí afuera durante horas si lo supiera. Eres un bastardo de su padre, ¿verdad?
El chico me lanza una mirada fría, pero me importa una mierda.
—Solo déjame verla. No voy a despertarla. —dice, apartándome lo suficiente para abrirse paso al interior de mi hogar y chocando mi hombro al pasar—. Tengo cosas que hacer, llamadas que realizar, y tú solo me estás haciendo perder el tiempo.
Lo dejo entrar, pero despué