El tiempo que Úrsula había tardado en lucir deslumbrante fue compensado con la expresión embobada de Kamus al verla. Fueron unos cuantos segundos en que el cerebro del hombre se apagó y él dejó de respirar.
Luego el cerebro volvió a encendérsele, pero a medias. Se le dio vuelta el café cuando lo revolvía y el líquido hizo un desastre sobre el escritorio.
Úrsula fue por un paño y se inclinó frente a él para limpiar. Kamus la miraba con atención, más pasmado que antes. No se movía y había dejado