San Gregorio no había cambiado o tal vez sí, pero solo en lo superficial.
Las fachadas tenían pintura nueva, algunos negocios habían cambiado de nombre, y el camino de entrada estaba mejor asfaltado. Sin embargo, el aire… el aire era el mismo. Denso. Silencioso. Expectante.
Adriana lo sintió apenas bajó del auto y no fue nostalgia, fue reconocimiento de lo que conocía y su antigua vida.
Aquí aprendí a callar, pensó. Y aquí voy a aprender a hablar sin temblar.
Caminó despacio por la calle p