La invitación llegó escrita a mano. No por romanticismo. Por control.
Adriana la encontró deslizada bajo la puerta del hospedaje cuando regresó al atardecer. El papel era grueso, de esos que no se doblan con facilidad. El trazo, firme, cuidado. Cada detalle gritaba lo mismo: esto no es improvisado.
> “Queremos conversar. Por el bien del pueblo.”
Hora.
Lugar.
Sin firmas.
Adriana sostuvo la tarjeta unos segundos entre los dedos.
—La paz siempre llega con condiciones —murmuró— Y casi nunca b