La traición no siempre llega gritando.
A veces se sienta frente a ti con una taza de café entre las manos, con la voz temblorosa de alguien que dice preocuparse, con frases que comienzan en “solo quiero ayudarte” y terminan en “tal vez deberías parar”.
Adriana entendió eso cuando abrió la puerta y encontró a Laura de pie en el pasillo.
Laura había sido parte de su vida durante años.
No una amiga íntima, pero sí constante.
Una de esas presencias que sobreviven al tiempo porque nunca incomodan de