Capítulo 55

Adriana llegó al lugar del encuentro diez minutos antes de la hora acordada.

No por ansiedad, sino, por control.

El café estaba casi vacío. Un espacio amplio, demasiada luz, demasiadas ventanas. El tipo de lugar donde nadie espera que ocurran confesiones importantes, y por lo mismo, el más adecuado.

Eligió una mesa desde donde pudiera ver la puerta, el reflejo de la calle y el fondo del local.

Se sentó derecha, las manos relajadas sobre la mesa, la mirada firme.

No estás aquí para consolar, se
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