Capítulo 57

El auditorio no estaba lleno, pero tampoco vacío.

Era el tipo de aforo calculado para que nadie pudiera decir que aquello había pasado desapercibido… ni que se había vuelto un circo.

Adriana llegó sola.

No porque no hubiera ofrecimientos de acompañarla. Sino porque entendía algo esencial: cuando una mujer habla desde la verdad, debe entrar sin escolta.

Caminó por el pasillo central con paso firme.

No erguido en exceso.

No desafiante.

Presente.

Sintió las miradas clavarse en su espalda, no como
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