El camino de regreso al departamento de Carlos fue silencioso.
Adriana miraba por la ventana del auto sin ver realmente la ciudad que pasaba a su lado.
Luces, calles, rostros, edificios… todo era un borrón sin significado.
La única imagen que seguía fija en su mente era la del hombre del video: atado, golpeado, aterrorizado.
Un rostro que pertenecía a su pasado, a su pueblo, a un capítulo que ella había intentado borrar con todas las fuerzas de su vida adulta.
Carlos conducía sin hablar.
Su mano agarraba el volante con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos.
Sabía que no podía presionar.
Sabía que no debía pero también sabía que no podía seguir avanzando sin entender quiénes eran esos hombres que estaban reapareciendo muertos… y por qué todos estaban conectados de alguna forma con Adriana.
Cuando llegaron al edificio, subieron en silencio.
El departamento estaba oscuro, frío, cargado de esa quietud que solo existe cuando uno lleva demasiado tiempo sin respirar bien.
Adr