En la manada real, la vida comenzaba a retomar su curso. Los daños del ataque estaban siendo reparados, los heridos sanaban, y los muertos habían sido enterrados con los honores correspondientes. Pero la tensión no desaparecía. Estaba en el aire, como una tormenta que se acerca lentamente.
Aynara reparaba su cubil con una paciencia que nadie le conocía.
No era solo limpiar y ordenar. Era reorganizar, redecorar, hacer de ese espacio un hogar para su pequeño. Uzziel la observaba desde su cuna, su